8 de abril de 2014

Volvemos a empezar...

Hace meses que no escribo aquí y es porque abandoné, me rendí. Dejé a un lado a Ana y Mía pero han vuelto...

El domingo 16 de febrero pesaba 67,4 kg y sí que bajé de peso respecto a noviembre que pesaba 71,9 kg que fue cuando abrí este Blog pero bajé de peso porque hice una dieta saludable: ensalada, pescado y carne a la plancha... Es decir lo que come la gente "normal" cuando quiere adelgazar.

Algo ha cambiado en mi cabeza, exactamente no sabría decir cuál ha sido el detonante por el cual he vuelto a caer y ahora "mi amiga" Ana (sólo Ana) ha vuelto a aparecer...

Ahora mismo peso 58,6 kg y estoy dentro de mi peso normal según el IMC (Índice de Masa Corporal). Me siento tan bien, me siento tan extremadamente feliz de que la ropa de hace años me vuelva a valer (cuando tuve anorexia y bulimia no diagnosticada médicamente) que no sé cómo explicar esta inmensa alegría...

Es una mezcla de alegría y tristeza porque sé que no está bien lo que hago. Es una enfermedad y ahora, al menos de momento, solo tengo como "amiga" a Ana... Es un auténtico asco de "estilo" de vida...

A pesar de mis palabras tan contradictorias (que son por culpa de esta puta enfermedad) me he propuesto una meta: llegar a los 55 kg pero sin fechas. Cuando pese 55 kg quizás me quede ahí o quizás me proponga otra nueva meta o quizás me dé cuenta que no puedo seguir así y pida ayuda.

No lo sé y es muy frustrante.

13 de noviembre de 2013

Hoy no es un buen día...

Desde ayer he perdido 400 gramos y estoy feliz pero por otro lado no estoy tan feliz. 
Estos sentimientos tan opuestos sé que se deben a la enfermedad porque nos hacen ser así, nos hacen ser "bipolares" y eso no me gusta.
Estoy triste porque estoy dejando un poco los estudios de lado ya que sólo pienso en no comer y sé que precisamente tendría que olvidarme de eso para que no me entre más hambre porque de verdad es que ahora mismo me comería todo lo que hay en la nevera pero recuerdo cuando pesaba 44 kg y lo bien que me sentía y esto me hace que pueda controlarme, al menos de momento.

Los comienzos son duros porque tienes mucha hambre pero tienes esa fuerza de voluntad y estás "contenta" cada vez que te subes a la báscula y ves que estás adelgazando porque al principio es cuando pierdes peso más rápido. Luego cuesta un poco más pero se tiene "la suerte" de que el estómago se va acostumbrando y no tienes esas ganas horribles de comer como me pasa ahora mismo.

Espero que hoy el día mejore porque llevo 30 minutos levantada y está siendo una tortura :( 

11 de noviembre de 2013

La historia de Kyle - Anónimo (Cuento para pensar)

Un día, cuando era estudiante de secundaria, vi a un compañero de mi clase caminando de regreso a su casa. Se llamaba Kyle. Iba cargando todos sus libros y pensé: "¿Por que se estará llevando a su casa todos los libros el viernes? Debe ser un “empollón". Yo ya tenía planes para todo el fin de semana.
Fiestas y un partido de fútbol con mis amigos el sábado por la tarde, así que me encogí de hombros y seguí mi camino. 


Mientras caminaba, vi a un montón de chicos corriendo hacia él. Cuando lo alcanzaron le tiraron todos sus libros y le hicieron una zancadilla que lo tiró al suelo.
Vi que sus gafas volaron y cayeron al suelo como a tres metros de él. Miró hacia arriba y pude ver una tremenda tristeza en sus ojos. Mi corazón se estremeció, así que corrí hacia él mientras gateaba buscando sus gafas. Vi lágrimas en sus ojos.
Le acerqué a sus manos sus gafas y le dije, "esos chicos son unos tarados, no deberían hacer esto". Me miró y me dijo:
"¡gracias!". Había una gran sonrisa en su cara; una de esas sonrisas que mostraban verdadera gratitud. 


Le ayudé con sus libros. Vivía cerca de mi casa. Le pregunté por qué no lo había visto antes y me contó que se acababa de cambiar de una escuela privada. Yo nunca había conocido a alguien que fuera a una escuela privada.
Caminamos hasta casa. Le ayudé con sus libros; parecía un buen chico. Le pregunté si quería jugar al fútbol el sábado conmigo y mis amigos, y aceptó. Estuvimos juntos todo el fin de semana. Mientras más conocía a Kyle, mejor nos caía, tanto a mí como a mis amigos. Llegó el lunes por la mañana y ahí estaba Kyle con aquella enorme pila de libros de nuevo. Me paré y le dije:

"Hola, vas a sacar buenos músculos si cargas todos esos libros todos los días". Se rió y me dio la mitad para que le ayudara.
Durante los siguientes cuatro años nos convertimos en los mejores amigos. Cuando ya estábamos por terminar la secundaria, Kyle decidió ir a la Universidad de Georgetown y yo a la de Duke. Sabía que siempre seríamos amigos, que la distancia no sería un problema. Él estudiaría medicina y yo administración, con una beca de fútbol.

Llegó el gran día de la Graduación. Él preparó el discurso.
Yo estaba feliz de no ser el que tenía que hablar. Kyle se veía realmente bien. Era uno de esas personas que se había encontrado a sí mismo durante la secundaria, había mejorado en todos los aspectos, se veía bien con sus gafas. Tenía más citas con chicas que yo y todas lo adoraban. ¡Caramba! Algunas veces hasta me sentía celoso... Hoy era uno de esos días. Pude ver que él estaba nervioso por el discurso, así que le di una palmadita en la espalda y le dije:
"Vas a estar genial, amigo". Me miró con una de esas miradas (realmente de agradecimiento) y me sonrió:

"Gracias", me dijo.

Limpió su garganta y comenzó su discurso:
"La Graduación es un buen momento para dar gracias a todos aquéllos que nos han ayudado a través de estos años difíciles: tus padres, tus maestros, tus hermanos, quizá algún entrenador... pero principalmente a tus amigos. Yo estoy aquí para decirles que ser amigo de alguien es el mejor regalo que podemos dar y recibir y, a este propósito, les voy a contar una historia". 


Yo miraba a mi amigo incrédulo cuando comenzó a contar la historia del primer día que nos conocimos. Aquel fin de semana él tenía planeado suicidarse. Habló de cómo limpió su armario y por qué llevaba todos sus libros con él: para que su madre no tuviera que ir después a recogerlos a la escuela. Me miraba fijamente y me sonreía. 


"Afortunadamente fui salvado. Mi amigo me salvó de hacer algo irremediable". 

 
Yo escuchaba con asombro como este apuesto y popular chico contaba a todos ese momento de debilidad. Sus padres también me miraban y me sonreían con esa misma sonrisa de gratitud. En ese momento me di cuenta de lo profundo de sus palabras: 


"Nunca subestimes el poder de tus acciones: con un pequeño gesto, puedes cambiar la vida de otra persona, para bien o para mal. Dios nos pone a cada uno frente a la vida de otros para impactarlos de alguna manera". 


Hay personas que se dedican a iluminar las vidas de otros con su alegría, y su cariño, y eso a veces vale mucho.

"Los amigos son ángeles que nos llevan en sus brazos cuando nuestras alas tienen problemas para recordar como volar“

 

10 de noviembre de 2013

Todo empezó...

Desde pequeña he estado gorda y siempre he hecho dieta aunque muchas veces la dejaba de lado como la mayoría de la gente.
Pero de repente, en 2008 algo cambió. Perdí 10 kg y la gente me decía que estaba muy guapa y a partir de entonces poco a poco empecé a obsesionarme con la comida hasta tal punto que llegué a pesar 44 kg (mido 1,62).

"Tus ojos ya no brillan como brillaban antes", me dijo una persona muy querida y me dolió muchísimo.

Todavía conservo la ropa de antes: pantalones de la talla 40, 38, 36, 34, 32, camisetas L, M, XS, XXS... 

De repente, sin más el lunes, 4 de noviembre de 2013 tomé una decisión: volver a tener como amigas a Ana (anorexia) y según el día a Mía (bulimia).

Ahora mismo, en este preciso instante peso 71,9 kg. Desde el lunes ya he perdido 3,1 kg.

Este blog no es pro ana ni pro mia. Sólo es un blog en el que quiero plasmar la mierda de vida que se puede tener cuando tienes como amigas a Ana y Mía... Esa amigas que jamás te abandonan, aunque te engordes siempre permanecen en un hueco de tu cabeza, siempre.

¡¡ Odio y quiero a Ana y Mia !! :'(